
En los últimos años hemos sido bombardeados con imágenes y mensajes que, en nombre de la preservación del medio ambiente, atacan sin misericordia al plástico. Sin embargo, este enfoque suele dejar de lado la verdadera causa del problema ambiental.
El plástico llega al mar principalmente a través de los ríos, en combinación con una enorme cantidad de otras basuras, muchas de ellas orgánicas y biodegradables. Son precisamente estos residuos los que generan el mayor daño ambiental, contaminando las aguas, matando especies acuáticas e impidiendo su reproducción.
Un solo río altamente contaminado por residuos orgánicos puede causar un daño ambiental que supera ampliamente el impacto generado por el plástico.
Ríos contaminados: el daño invisible
¿Cuántos animales y plantas podrían habitar ríos como el Bogotá, el Medellín y sus quebradas aledañas si no estuvieran contaminados por residuos orgánicos y no orgánicos, muchos de ellos biodegradables, provenientes de basuras y aguas negras?
¿Cuántas especies se ven afectadas aguas abajo, en ríos, lagunas y finalmente en el mar, donde terminan desembocando estas aguas?
Este daño es ampliamente conocido, pero poco se hace para evitarlo, en gran parte porque estas basuras actúan de manera silenciosa e imperceptible, sin generar el impacto visual que suele despertar atención mediática.
La pregunta clave: ¿qué hacer con las basuras?
1. Separación en la fuente
El primer paso es recolectar las basuras lo más separadas posible desde la fuente, facilitando el reciclaje de:
- Plásticos
- Vidrio
- Papel
- Metales
- Residuos orgánicos
Existe una regla fundamental en reciclaje:
👉 Cuanto más homogénea sea la materia prima a reciclar, mayor será su valor y menor el costo del proceso.
2. Reciclaje con reglas claras
El segundo paso es reciclar, pero para que el reciclaje sea efectivo se requieren leyes estrictas que:
- Premien la correcta separación
- Castiguen la mala disposición de residuos
Se estima que en Medellín apenas se recicla alrededor del 17 % de las basuras, aunque es probable que el porcentaje real sea incluso menor.
En reciclaje de plástico, vidrio y papel se ha avanzado considerablemente. Sin embargo, en el tratamiento de residuos orgánicos, el progreso ha sido mínimo, a pesar de que estos son, con diferencia, los más tóxicos y dañinos para el medio ambiente.
Los residuos orgánicos, al biodegradarse, alteran gravemente los ecosistemas y, dependiendo de su concentración, pueden acabar con toda forma de vida acuática.
Una de las razones por las que este problema pasa desapercibido es la falsa creencia de que, por ser biodegradables, no son tóxicos.
¿Qué hacer con las basuras orgánicas?
Alternativas existentes
Biocompostaje
Consiste en utilizar bacterias y otros organismos para convertir el carbono en metano, dejando residuos asimilables para las plantas. Sin embargo, presenta tres problemas importantes:
- Riesgo biológico: puede convertirse en un medio de cultivo de patógenos peligrosos para el ser humano.
- Baja producción de metano, lo que limita su viabilidad económica.
- Generación de lixiviados altamente tóxicos.
Esta alternativa requiere mucha más investigación para:
- Reducir riesgos sanitarios
- Aumentar significativamente la producción de metano
- Reducir la generación de lixiviados
Cabe recordar que el gas natural está compuesto en más de un 90 % por metano.
Incineración y producción de energía
La incineración de residuos orgánicos y otros desechos es otra alternativa viable para producir energía. Existen dos métodos principales:
- Incineración directa, generalmente menos eficiente
- Gasificación, con mayor eficiencia energética
La elección de la tecnología depende de:
- Disponibilidad tecnológica
- Costos
- Composición de las basuras
- Nivel de separación previa
Estas tecnologías, bien implementadas, no representan riesgos para la salud pública y pueden transformar procesos con huella de carbono positiva en procesos con huella de carbono negativa.
Aprovechamiento del CO₂: de problema a recurso
Los residuos de la incineración son principalmente cenizas y CO₂, el principal gas de efecto invernadero. La gran ventaja es que este CO₂ puede capturarse y utilizarse de diversas formas:
Principales usos del CO₂
- Cultivos hidropónicos en invernaderos cerrados, donde una mayor concentración de CO₂ aumenta significativamente la productividad vegetal.
- Producción de algas, que pueden utilizarse como combustible o materia prima.
- Fabricación de bioplásticos reales, reciclables y no biodegradables, o producción de biocombustibles.
El potencial de investigación con algas es enorme, aunque actualmente estas alternativas no se han popularizado debido a su mayor costo frente a la disposición inadecuada de residuos.
Energía, reforestación y sostenibilidad
Los sistemas de incineración pueden convertirse en una fuente ecológica de energía, comparable —a gran escala— solo con la energía hidráulica, que sigue siendo la más sostenible actualmente.
El uso de CO₂ en cultivos hidropónicos cerrados también puede reducir significativamente la presión sobre la deforestación, necesaria para abastecer la creciente demanda de alimentos.
Diversos grupos científicos ya solicitan campañas masivas de reforestación global, por su impacto rápido y efectivo en la preservación ambiental.
Otras alternativas emergentes
Una tercera posibilidad es homogeneizar residuos orgánicos y convertirlos en compuestos de relleno para plásticos u otros materiales. Las posibilidades continúan ampliándose a medida que avanza la investigación.
Conclusión: reciclar con responsabilidad
Para avanzar de manera real en la preservación del medio ambiente es imprescindible:
- Reciclar correctamente
- Separar las basuras desde la fuente
- Implementar leyes estrictas que premien el reciclaje y castiguen la mala disposición
El problema ambiental no se resuelve atacando un solo material, sino abordando de manera integral y técnica la gestión de residuos.